DAR VOZ A LOS NIÑOS: ¿PORQUE NOS CUESTA TRABAJO?
DAR VOZ A LOS NIÑOS: ¿PORQUE NOS CUESTA TRABAJO?

El principal motivo por el cual no logramos dar voz a los niños es porque, en nuestra propia infancia, nosotros tuvimos muy poca o ninguna voz. Carecemos del registro emocional de haber sido escuchados, respetados y amados como necesitábamos. Nuestros padres nos dieron lo que recibieron; nos amaron todo lo que pudieron, pero la mala noticia es que no siempre nos dieron lo que realmente nos hacía falta.

Antiguamente, el castigo físico en colegios y casas era la norma. Aunque hoy sabemos que es brutal y está prohibido en muchos países, aún nos queda un largo camino. Muchos adultos creemos que no somos violentos porque no pegamos, pero seguimos siendo violentos en nuestra forma de hablar y tratar a los niños.

La Herencia del Vacío Emocional

La vivencia infantil nos demuestra que estamos lejos de respetar a los niños como merecen. Nos cuesta conectar con su mundo interno porque solo sentimos nuestro malestar y vacío emocional. Perdimos la capacidad de ver al otro porque nosotros no fuimos suficientemente vistos ni sentidos por nuestros padres.

Ahora, como adultos, seguimos necesitando lo que no tuvimos. Esa carencia nos impide satisfacer a nuestros hijos. Proyectamos nuestras necesidades de poder, control, silencio y orden, exigiéndoles que ellos nos satisfagan a nosotros, sin tener en cuenta sus propias necesidades. Nadie puede dar lo que no ha recibido o, al menos, lo que no ha escuchado en su propio interior.

Pedidos Desplazados: El Niño en el Cuerpo del Adulto

La infancia es la etapa de recibir y la adultez es la etapa de dar. Sin embargo, dar lo que no se tuvo duele profundamente. Los adultos solemos pedir lo que nos faltó (mirada, contacto, presencia) a través de «pedidos desplazados» hacia nuestra pareja o nuestros hijos. Ejercemos el poder para llenar un vacío, sin ser conscientes de que somos niños disfrazados de adultos.

Reconocer estas carencias infantiles es difícil porque aceptar que no nos amaron como necesitábamos, duele. A menudo idealizamos a nuestros padres para no verlos como realmente son. Pero cortar la cadena requiere responsabilidad y un trabajo personal valiente de confrontación con nuestra propia sombra.

El Maltrato Invisible que debemos Detener

Quiero creer que pronto nos daremos cuenta de que castigar, amenazar, obligar, gritar, ignorar, juzgar o humillar a un niño también es maltrato y abuso emocional. A nadie le gusta ser tratado así. Ese malestar desconecta al niño de su ser esencial y de sus padres.

Se nos olvidó cómo nos sentíamos porque nadie lo nombró. Mi propósito superior es dar voz a esos niños y niñas que todos fuimos, para poder dársela a los niños que vemos hoy. ¿Por qué necesitamos su obediencia? ¿Por qué no podemos sentir su soledad o su miedo cuando los tratamos con hostilidad? La respuesta es que nosotros sufrimos lo mismo.

El Futuro de la Humanidad está en Nuestras Manos

Debemos preguntarnos: ¿Qué tipo de padres queremos que tengan nuestros nietos? En nuestras manos está el futuro de la humanidad. Si todos los niños fueran respetados y amados incondicionalmente, no habría adultos que necesitaran matar, mandar o abusar. Un adulto en paz consigo mismo no tiene la necesidad de hacer daño a nadie.

Nuestros hijos no necesitan padres perfectos. Necesitan padres sinceros, humildes y conscientes de su historia. Que sepan disculparse y que quieran hacer las cosas desde otro lugar. Los niños no hacen lo que les decimos, sino lo que ven que hacemos. Si quieres que sean respetuosos, sé respetuoso con ellos.

La Experiencia en la Tribu de Madres Conscientes

En la Tribu de Madres Conscientes, junto a 95 madres más, estamos logrando este cambio. Estamos aprendiendo a dar voz a los niños incluso en situaciones difíciles, como en casa de familiares o lugares públicos.

Por ejemplo, si alguien es duro con ellos, intentamos dar voz a ambos:

  • «Cariño, entiendo que estés aburrido, pero el ruido incomoda a los demás. ¿Qué podrías hacer que no fuera correr? ¿Te ayudo?»

  • «¿Cómo te sientes? Creo que no te ha gustado cómo te ha hablado el abuelo. ¿Quieres decirle algo tú o prefieres que lo haga yo?»

Al darles voz, ellos se sienten seguros y el impacto de las críticas ajenas disminuye. No creamos alianzas de adultos contra los niños; creamos puentes de amparo. Solo sintiendo a los niños de un modo distinto cambiaremos la sociedad. Dando lo que no tuve, me sané, y mi promesa es seguir compartiéndolo.

Conclusión: Sanar el Origen para un Mundo Nuevo

En Barcelona Alternativa, estamos convencidos de que la verdadera revolución no es política ni social, sino emocional. Comienza en la intimidad de cada hogar y en la valentía de cada madre y padre que se atreve a mirar sus propias heridas para no proyectarlas en sus hijos. Al dar voz a la infancia, estamos sembrando las semillas de una humanidad más empática, libre de violencia y conectada con su esencia divina.

Te invitamos a reflexionar sobre tu propia historia y a unirte a este cambio de paradigma. Recuerda que nunca es tarde para empezar a escuchar al niño que fuiste y al niño que tienes frente a ti. La sanación es posible y, como hemos visto en nuestra Tribu, el amor incondicional es la herramienta más poderosa de transformación que existe.

¿Te atreves a romper la cadena y empezar a dar lo que no tuviste? El futuro nos lo agradecerá.

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